Siempre he visto a mi madre pintar. Me encantaba entrar en su taller y verla transformar una tela blanca en un universo de colores.
Así empecé: dibujando, pintando con acrílico, sola o con amigas. Pero fue al mudarme a España cuando encontré mi verdadera inspiración: los colores que vibran, el movimiento de los bailes, el silencio del calor…
Me formé con un profesor en Toledo y luego en el taller del Prado para trabajar las bases del dibujo.
Hoy soy alumna del pintor español Juan Naranjo, figura clave en mi camino artístico. Gracias a su acompañamiento, he desarrollado un trazo más libre, una paleta de colores propia y un lenguaje pictórico que definen mis cuadros.
Mi obra busca el movimiento y la luz, creando un espacio suspendido donde el cuerpo se convierte en luz